Vientos.
Nací en tierra de vientos.
Fuertes, violentos, cambiantes e impredecibles,
que tan pronto desmadejan tu elaborado disfraz de febrero,
como colocan suavemente tu pelo en caricia inesperada.
Aprendí, sin embargo, a diferenciarlos, nombrarlos,
intuir si amainarían
y hasta anticiparlos; en el color del mar,
en la bruma que mira desde el horizonte
y en el comportamiento humano, el mío.
En radicales, unas, y sutiles transformaciones, otras.
El viento muda el paisaje de forma acompasada y veloz,
y lo que era ayer, es hoy, pero distinto,
y será mañana de nuevo transformado.
Preciosa ausencia de resistencia al cambio,
que llena el mar de cresta espumosa
y arranca suspiro y queja de ventanas que se entrecerraron en calma.
Sin embargo no soy yo veleta que cede a suave brisa,
no siempre, no hoy.


