PIEZA


Soy la pieza de un puzzle, una más entre todas, una común

A veces sueño con ser una pieza especial, esa que se coloca aparte porque tiene algo, un distintivo, una característica única que hace saber a quien está montando, que en algún momento, tarde o temprano, verá el hueco para ella, uno inconfundible, donde ninguna otra puede encajar.

En un paisaje con un hermoso río, la pieza azul que tiene un trazo blanco, que representa el reflejo minúsculo de la luna en el agua, de entre todas las piezas azules que componen el río, esa es la pieza especial, la diferente.

Pues yo soy una pieza azul, neutra, que tanto puede ser parte del río, del cielo, como del barco en el fondo del paisaje.
Este tipo de pieza muchas veces confundimos nuestro sitio, es normal, sólo somos “una azul”, y podemos vernos forzadas a encajar en un determinado lugar.
En estos momentos yo siento que no es mi sitio y como no soy muy racional, pienso que es culpa mía, que soy deforme, que no soy buena.
Esto se suele repetir y cada vez que me fuerzan a entrar en el hueco que no es , mi forma, la propia, la que fue hecha para un determinado lugar, se va perdiendo, va limando sus líneas originales, y puede ser que algún día, pienso y digo a voces; – a fuerza de tanto presionarme, conseguiré no ajustarme ni en mi propio lugar.-

En los momentos malos, aburrida de que me cojan, me aprieten hasta doblarme y luego me suelten, entre todas, en el montón de las azules, deseo ser la pieza con el trazo blanco, la miro con envidia.

Otros días me siento positiva, soy especial y pienso que todas somos necesarias para completar la obra; – el día que yo me pierda a ver quien termina el puzle – otros simplemente espero paciente, pero a veces lo tengo clarísimo, en el fondo soy una pieza muy lista;
– Evidentemente el día que trajeron los dos puzles y se cayeron al mismo tiempo, al recogernos, me metieron en la caja equivocada-.

LA PARED

Pasaban las horas vacías y neutras, muertas, mientras miraba cada momento y en gestos automáticos el reloj que colgaba de la pared.

Había colocado , junto a él, cuadros de paisajes que evocaban lugares de ensueño, casi oníricos – nada más lejos de su realidad actual- y fotos de sus seres queridos junto a otras de personas que le habían parecido importantes y que ahora, dentro de ese sentimiento de nostalgia y añoranza real, se le aparecían como seres realmente prescindibles.

No recordaba el tiempo que llevaba sentada en aquella posición, con la mirada fija en el mismo lugar, cuando se abrió lentamente, de forma imperceptible, al principio, una pequeña grieta que se fue convirtiendo en un agujero.

Se frotó los ojos pensando que su vista cansada le jugaba una mala pasada, los cerró y abrió para constatar que ahí seguía, cada vez más grande , entre la foto de la boda de su hermana, en la que aparecía con la protagonista de la unión y sus dos hermanos mayores, y el reloj, que seguía marcando los segundos con aquel sonido de metrónomo.

Se acercó al agujero calculando que sería posible pasar a través de él, aunque había engordado un poco durante el obligado encierro, y fantaseó con lo que podría estar esperándola al otro lado.

¿Por qué razón aquella pared le regalaba un agujero en tal situación de hastío si no fuese para invitarla a entrar? Se preguntó y se contestó al mismo tiempo ; – claro y seguro que ahora aparece un conejo con reloj y salta dentro del agujero, Alicia.-

No apareció el animal pero no hubo forma humana de frenar la curiosidad infantil, mucho tiempo atrás perdida, que se apoderó de ella y que, venciendo al miedo, la llevó al otro lado de la pared.

MARIPOSA MANCHADA

Bajando hacia la playa el camino serpenteaba y se estrechaba.

Alargó el brazo para apartar la rama que, peligrosamente cerca,

amenazaba con arañarle la cara.

La rama, en su movimiento inducido, despertó a la mariposa que inició el vuelo perezosamente,

y al volver bruscamente a su posición natural golpeó su hombro,

arañándolo y provocando que una microscópica gota de sangre saltara al aire

y movida por él comenzase un lento descenso.

Desnuda en la orilla de aquella pequeña playa,

sentada admirando el mar del Sur y adormecida por su vaivén,

observaba a una mariposa posada en una de las rocas agujereadas por la erosión.

Admirando la blancura inmaculada de sus alas sólo rota por una pequeña mancha roja como la sangre.

-Que caprichosa es la naturaleza – pensó.

La ola rompió en la roca espantando a la mariposa

y mojando su cuerpo con agua salada que inmediatamente curó y borró para siempre la señal del arañazo en su hombro ,

y con él toda evidencia de lo acontecido.